La sinceridad es la cara del alma

Ina Inzunza Alimenta tu alma 0 Comments

La sinceridad no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza. 

Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto parece muy sencillo, pero muchas veces cuesta más de lo que se cree. Se utilizan las «mentiras piadosas» para ocultar cualquier cosa que para nosotros es una tontería, pero que en realidad a la persona que mientes hace daño, y está pequeña mentira que en un principio no es nada se va haciendo más y más grande hasta que la verdad se acaba sabiendo y sorprendiendo a quién mientes. 

La sinceridad no sólo se ve en las palabras, sino que también se demuestra por medio de nuestras actitudes. 

Cuando se aparente lo que no somos (en la edad, trabajo, amistad) se tiende aparentar lo que no se es (más joven, inteligente, educados) Si se descubre la gran mentira que nos ha hecho creer se nos viene a la memoria el refrán: Dime de que te presumes…y te diré de que careces» y entonces se produce una gran desilusión ya que se pierden las esperanzas de lo que la persona no es en realidad.  

También indica que «decir» siempre la verdad con las palabras es parte de la sinceridad, pero también hay que «actuar» acorde con la verdad. 

Para decir la verdad se necesita mucho «tacto» y esto significa que cuando debemos decirle a una persona la verdad de lo que pensamos y esta verdad la incomodad debemos utilizar las palabras, las expresiones correctas ya que el primer propósito es ayudar a esa persona, y esto es necesario para que la persona escuche y vea que lo que se dice va con buenas intenciones y son ánimo de ofenderla. 

La sinceridad también requiere valor ya que a la hora de decir la verdad a un amigo o a una amiga, por ejemplo, el no decir la verdad no se puede justificar con no decirlo con el perder una buena amistad o por el concepto que se tiene de la persona. 

La persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Ya que vernos sorprendidos mientras metimos es más vergonzoso aún.    

Al ser sincero aseguramos nuestras amistades, somos más honestos que los demás y a la vez con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la autenticidad que hay en nuestra forma de comportarnos y nuestras palabras. 

A medida que nos vamos haciendo mayores, la sinceridad debe ir en aumento y debe convertirse en un elemento básico para vivir en nuestra vida con autentica plenitud y sinceridad. 

Fuente: www.tubreveespacio.com

 

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